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Alberca Aurora: Cuna de la natación en Coyoacán

Alberca Aurora: Cuna de la natación en Coyoacán

 

Por: Marisol Zenil

Es inevitable evidenciar el contraste entre el Coyoacán moderno, lleno de lugares y de actividades para elegir, contra la villa tradicional y pintoresca, que hasta la década de los años 20’ws tuvo un espacio que reuniera a propios y extraños en un mismo recinto.

Nos remontamos por allá de la década de 1950 cuando Alfonso Estrada era un niño, que como muchos, salía de casa todas las tardes con la emoción de asistir al lugar de moda en el barrio, hablamos del predio ubicado en la entonces calle Guerrero (hoy Presidente Carranza), que daba la bienvenida a todos bajo un sencillo letrero que rezaba “Alberca Aurora”.

“Para mí el lugar tiene un significado aún más especial, mi abuelita María de Jesús y mis tíos Rogelio ‘El Soldado’ y Pepe cuidaban la alberca. Yo y muchos queríamos nadar como mis tíos, pues eran muy buenos. La alberca abría de 8am a 3pm, pero al cierre esperaba en la habitación de mi abuela, salía cuando ya no había nadie, tenía el privilegio de quedarme hasta muy tarde, aprendí a nadar amarrándome a uno de los barandales con una cuerda”, me dijo Alfonso.

Rogelio "El Soldado"

Imagen acervo: Alfonso Estrada      Rogelio “El Soldado” Estrada Segura.

Dentro de los recuerdos de muchos de los asistentes a la alberca destacan  las conocidas “bombas” estos saltos, que, si bien se calificaban por su originalidad, tenían como propósito mojar a todo aquel incauto que vestido y seco entraba o salía de los vestidores. O la llamada “limonada” un curioso castigo que imponían los nadadores a aquellos que tenían algún comportamiento inapropiado con las chicas del lugar y que consistía en tomarlos de pies y manos y aventarlos a la alberca para que tomaran unos cuantos tragos de agua.

Y aunque son momentos que siguen vivos en la memoria de muchos, todavía debemos remontarnos unos cuantos años atrás para volver al inicio de esta historia. Todo comenzó en 1917 cuando José Munguía Rossell le compró al señor José María Guijosa parte de la huerta de la casa de Higuera, un terreno de 4.120 m2.

Sin embargo, fue hasta 1925 que comenzaría la construcción de la alberca, proyecto que inició como un espacio destinado a la familia, pero que concluiría casi un año después con la apertura al público en noviembre de 1926. A la inauguración se invitó a toda la comunidad y la reina del evento fue Conchita Toussaint.  Se bautizó con el nombre “Aurora”, en honor a la hija del dueño José Munguía Rossell.

Un espacio diseñado para el deporte, la diversión y el esparcimiento. El área de la alberca estaba provista con vestidores y gradas en ambos costados. En un primer momento se colocó una plataforma de 10 metros que fue traída desde Estados Unidos, pero a raíz de un incidente en la inauguración, quedó inhabilitada por un tiempo, hasta que se modificó a una altura de 5 metros.  Fue construida con cemento holandés. En cuanto a las medidas, tenía una extensión de 30 por 15 metros y una profundidad que iba de uno a tres.

Vista de la alberca desde la plataforma

Imagen acervo Alfonso Estrada Vista de la alberca desde la plataforma de 10 m

Además, la alberca también contaba con un salón de baile que se encontraba en la parte que da a la calle conocido como el “Dancing”, una pista para patinar, una cancha de básquetbol, una de tenis, dos líneas de boliche, un ring, un área para hacer ejercicio y una de juegos, a los cuales podías acceder por un pasillo y unas escaleras que se encontraban detrás de la plataforma.  En 1927 la alberca contó con uno de los primeros radios ‘Crosley’ de la época, las bocinas se colocaron una en la plataforma y dos en el “Dancing”, inyectando un gran ambiente.

Credencial de miembro de la alberca

Imagen acervo Alfonso Estrada   Credencial de miembro de la alberca

Contaba con un consultorio médico, atendido durante décadas por el Dr. Juan Manuel Toussaint, quien además de dar consulta y expedir los certificados médicos para acreditar que eras apto para entrar a la alberca, era un gran nadador.  Prueba de ello, como recuerda Alfonso, en una noche de los 60’s junto a su equipo de nado sincronizado dieron una exhibición en la alberca: “Esa noche iluminaron la alberca y colocaron un volcán en el centro, todos nos emocionamos cuando hizo erupción, incluso hoy en día me pregunto, cómo lo lograron”.

Desde finales de 1940 se hacían competencias por iniciativa del doctor, había una especie de eliminatoria entre los nadadores para elegir al equipo que los iba a representar. Se enfrentaban a equipos de otras delegaciones y pueblos cercanos, destacando en Coyoacán Alfonso “El Chato” Galindo. Para la década de 70´s estas justas se volvieron más profesionales.

Durante la presidencia de Luis Echeverría alrededor de 1976, se colocaron calderas que permitieron disfrutar de la alberca a todas horas del día, pues hasta ese momento y como nos cuenta Alfonso: “El agua siempre estaba muy fría, especialmente el sábado después de la limpieza, nadie se quería meter porque parecía un congelador”.

Pocos años después el tamaño de la alberca se redujo, disminuyó la profundidad y se agregó un chapoteadero. La última remodelación se hizo hace algunos años durante la administración de la Delegada Laura Itzel Castillo Juárez, rescatando el espacio y buscando la preservación de una parte importante del patrimonio de los Coyoacanenses.

 

Entrevista a Alfonso Estrada, 6 de septiembre de 2017.